Laura Ballestrino, Pianista y compositora

Os presentamos a Laura Ballestrino, pianista y compositora con un futuro prometedor. A su trayectoria como intérprete clásica, donde ha recibido múltiples premios, debemos sumar los numerosos proyectos en los que desarrolla su faceta como compositora de música de estilos muy diversos, así como pianista de Jazz. Actualmente compone y produce la Banda Sonora Original del videojuego Archaelund y prepara proyectos escénicos de Jazz-Fusión.


¿Qué es para ti la música?

La música es el motor esencial de mi vida. Es mi vocación, mi pasión, mi refugio, mi energía, mi trabajo y mi tiempo libre… No podría imaginarme de otra manera.

¿Cómo fue ese momento en el que decidiste dedicarte profesionalmente a
ello?

Es algo que siempre supe. Mis padres me apuntaron a una escuela a los 4 años así que la música ha estado en mí prácticamente desde que tengo memoria. Nunca me planteé si querría dedicar mi vida a otra cosa, simplemente sabía que esto era lo mío.

¿Qué requisitos crees que debe cumplir un buen pianista o intérprete?
Debe ser una persona muy sensible al arte, creativa, imaginativa y perfeccionista. Tiene que dar significado a cada detalle de una partitura, y eso es algo muy difícil porque la información que contiene una partitura de un gran compositor es infinita. Hay que tener muchas herramientas y conocimientos para poder descifrarla hasta su nivel más profundo, saber cómo estudiarla correctamente y, sobre todo, tener mucha inteligencia emocional para comprender el mensaje que quería transmitir el compositor y conseguir que el público lo sienta también. 

Por otra parte, pienso que un buen intérprete tiene que ser una persona muy comunicativa, porque al final el arte se trata de comunicar. También, al ser una profesión tan dura dura y sacrificada, son necesarias ciertas virtudes como el compromiso, la humildad, la paciencia, la sinceridad, la confianza en uno mismo, la capacidad de trabajo y sacrificio, de fracasar y volver a levantarse… Por muy buenos maestros que tengas, al final necesitas todas estas cualidades que dependen únicamente de ti.


¿Cómo es tu manera de estudiar una obra?

Como dijo Alfred Cortot: «La característica de todo gran pianista no es ignorar la técnica, sino olvidarla». Esto quiere decir que durante mucho tiempo trabajarás la dificultad técnica y motriz, y son muchos los elementos que debes dominar: la agilidad y rapidez de tus dedos, ataque, articulación, polifonía, conducción de voces, fraseo, dinámicas, sonido, tempo(s), agógica, pedales, análisis y comprensión formal de la estructura… E idealmente, después de un tiempo (que será mayor o menor según la dificultad técnica de la pieza), vas a poder «olvidar» todo eso, porque tus manos sabrán hacerlo solas gracias a la memoria muscular que adquieres por la repetición mecánica, y cuando interpretes esa pieza podrás dedicar tu concentración y tus pensamientos en lo que hay más allá de las notas: en la historia que estás contando.

No es nada fácil dominar una obra a ese nivel, pero si lo consigues, es en ese momento cuando el público percibe un artista comunicando emociones, y no un alumno esforzándose por dar bien todas las notas. Y aun así, las grandes obras son para estudiarlas toda la vida… («La música es suficiente para una vida, pero una vida no es suficiente para la música», Rachmaninov)

¿Qué es lo más importante para ti en una interpretación?
Como dije antes, lo más importante en el arte es comunicar. Si el público siente aquello que el compositor quiso plasmar en el papel, entonces la interpretación ha cumplido su función. Por eso cada pianista puede hacerlo de mil maneras distintas, y todas serán válidas mientras tengan una calidad, una lógica y una coherencia que consigan captar la esencia de la obra, la emoción que buscan: euforia, oscuridad, una historia de amor, diversión, paz, una sensación de nostalgia, de soledad… O una mezcla de sentimientos más complejos que sería imposible de poner en palabras.


¿Cómo afrontas una nota mal ejecutada o un mínimo error?
Es algo realmente difícil, uno nunca llega a superarlo completamente. En el momento en que se falla hay que hacer un esfuerzo activo por no pensar en ello y mantener la concentración en el ahora. Gran parte de esta capacidad se adquiere por experiencia. Una vez has subido cientos de veces al escenario, acabas asimilando que en el directo siempre hay errores, porque no somos máquinas, y que todo el mundo tiene pequeños errores. ¡Hasta los más grandes! También te das cuenta de que muchas veces tú eres el único que sigue pensando en ese error mientras que el público ya lo olvidó y está en el presente.

El error se vuelve verdaderamente grave cuando dejas que afecte a lo siguiente: te hace perder la concentración, la precisión, la memoria o incluso la confianza en ti mismo. El escenario es un lugar que exige muchísima seguridad, porque esta se vuelve frágil y vulnerable cuando fallamos y sentimos que todas las miradas están puestas sobre nosotros. Pero en realidad, es mejor fallar con un movimiento seguro y lleno de determinación que adoptar una actitud miedosa porque creas una barrera con el público. La actitud en el escenario es verdaderamente importante.


¿Cuál es tu opinión de la música jazz y la improvisación?

El jazz es una parte fundamental de la música que toco, compongo, escucho y disfruto. Es un género tan amplio que ni siquiera se puede definir sin tener dudas de dónde están sus fronteras. Cuando pienso en la palabra jazz pienso en soul, ragtime, bebop, blues, latin, funk, swing, fusión o incluso avant-garde. Abarca infinitos géneros dentro de sí mismo, y quizá en lo único en lo que coinciden todos (y les diferencia de los demás) es en la improvisación como elemento principal en su naturaleza. Realmente, la improvisación ha existido desde que existe la música: se improvisaba tanto en la prehistoria como en el romanticismo. Pero quizá la diferencia que comparten los géneros agrupados con la palabra jazz es la manera en la que conciben esa improvisación… Bueno, ¡eso daría para otra entrevista!

En mi caso, la improvisación es algo muy personal ya que todos los días me surge la necesidad de dedicar un rato a experimentar e improvisar en el piano, la guitarra, el bajo, la batería… Es algo que hago desde siempre, me hace sentir más conectada con el instrumento y conmigo misma. Pero el jazz también posee un importantísimo factor social; una de mis cosas favoritas en este mundo es improvisar en grupo. Despierta algo maravilloso en ti y la conexión que sientes con los demás músicos es muy especial… ¡no hay nada que se le compare!


De los reconocimientos y premios que has recibido ¿cuál ha sido más gratificante para ti?
Sin lugar a dudas, es el Primer Premio en Juventudes Musicales de España. Ocurrió en junio de este año y guarda un lugar muy importante en mi corazón… Además, la historia es muy bonita:

Hace 4 años, pasé las páginas a un pianista (Álvaro Mur) en el Teatro Monumental. Tocaba el concierto de Bartók para 2 pianos, percusión y orquesta (era la orquesta RTVE). Yo acababa de empezar el Conservatorio Superior y la verdad es que fue toda una experiencia poder ver esto de cerca. Pero en realidad… lo que yo quería era estar sentada en el piano, como ellos, así que pregunté a los solistas: “¿cómo habéis conseguido que os llame una orquesta como esta? ¿Tener una oportunidad así para debutar profesionalmente?”. Y ambos me respondieron a la vez: Juventudes Musicales de España. Esa misma tarde busqué información sobre el concurso y lo que es la organización Juventudes en el mundo entero, y me dije a mí misma “yo quiero ganar este premio”. Recuerdo que se lo conté a mis padres, y parecía algo tan lejano y difícil… casi imposible. Ahora, 4 años más tarde, veo todos los días el trofeo en el comedor de mi casa y no puedo evitar emocionarme. Además, fue “mi primer primero”… ¡y menudo fue!

Visualicé ese premio como una meta, y ha resultado ser todo lo contrario: un comienzo. La mayoría de concursos te ofrecen dinero en metálico y si acaso un concierto. En cambio, Juventudes te incorpora a un catálogo de artistas para promocionarte y lanzar tu carrera. Ahora estoy esperando que se retransmita la fase final por Radio Clásica, que comencemos las dos giras de conciertos por España y, por supuesto, el concierto televisado con la orquesta RTVE. Voy a vivir esa oportunidad soñada de compartir mi música con el gran público.

Pero en realidad, el verdadero motivo por el que considero este premio un antes y un después es porque me hizo cambiar. El esfuerzo, horas de estudio y sacrificio que puse en la preparación de este concurso fue insuperable, nunca había hecho algo así. Pero además, siempre lo hacía desde la visión de que la competición en la música no es algo “real”, que ganase o no, seguiría siendo igual de válida como artista y que lo importante era lo que aprendía en el camino. Gracias a esta preparación, física y mental, pude tocar con un dominio y una soltura que considero que es lo que marcó la diferencia y me hizo ganar. A partir de Juventudes decidí presentarme a más concursos y en todos obtuve éxito: primeros premios, premios especiales… Yo nunca me había visto como una pianista de concursos, y en cambio ahora me veo como cualquier cosa que me proponga ser porque creo en mi capacidad de trabajo y creo en mí misma.


¿Cómo fue el concierto en Madrid Music Hall?
Fue realmente acogedor. Es una sala en la que he actuado ya varias veces, y siempre te hacen sentir como en casa. Hice un concierto bastante largo y variado: Bach, Albéniz, Falla, Kapustin, Chopin, Shchedrín y Pascual Gimeno. La recepción del público fue muy positiva y la experiencia verdaderamente bonita.

Cada vez que te subes al escenario es un nuevo aprendizaje, y en verdad se agradece mucho tener una sala con un buen piano donde poder actuar frecuentemente, ya seas amateur, estudiante o profesional, y sobre todo con un público tan agradecido. Todas mis actuaciones allí han sido muy especiales, y por supuesto estoy deseando volver.


¿Qué consejo le darías a alguien que quiere dedicarse a la música?

Simplemente que disfruten, que para eso es la música.


¿Qué tipo de música escuchas diariamente?
Técnicamente, lo que más escucho es a mí misma practicando… Pero entiendo que la pregunta no va por ahí. Lo que escucho cuando decido ponerme los cascos y evadirme de la realidad es una mezcla de géneros bastante curiosa.

Yo siempre he sido muy jazzera, me encantan artistas actuales como Esperanza Spalding, Hiromi Uehara o Jacob Collier. Pero otra parte fundamental de mí pertenece al rock, sobre todo de los años 60 y 70 (rock clásico, progresivo, psicodélico, sinfónico…). También estoy obsesionada con Stevie Wonder, Earth Wind & Fire y en general el funk, el soul y toda la música afroamericana. De hecho, recientemente he tenido una etapa exclusiva de rap y hip hop de los años 90 en EEUU. Por otra parte, de vez en cuando me gusta salirme del mundo occidental y escuchar música folclórica y tradicional del mundo. Y por supuesto, la música clásica siempre ha sido algo constante en mi vida, desde Bach hasta Antón García Abril. En conclusión… ¡me gusta todo lo que sea buena música!

Pienso que salir de tu zona de confort es muy importante. La música es un fenómeno maravilloso e inmenso, y si estás abierto a estéticas diferentes, de sociedades y culturas lejanas a la tuya o de épocas variadas, ampliarás tu definición de “música” y podrás comprenderla a más niveles. A mí me gusta pensar en los géneros musicales como idiomas sin traducción, cada uno con una forma única de usar el lenguaje de los sonidos. Aquellos con los que me siento más identificada los vivo y siento de formas diferentes, y todos tienen un valor incalculable en mi vida y en mi día a día.


¿Quién ha sido tu mayor apoyo en tu carrera musical?

Mis padres. Nada de lo que he logrado habría sido posible sin ellos. No solo consiste en pagar los estudios y algún gasto más… cuando un niño quiere ser músico clásico necesita unos padres excepcionales. Una comparación muy acertada del músico clásico es la del deportista de élite (de hecho, mi madre siempre me ha puesto a Rafa Nadal como ejemplo a seguir, desde que soy niña). En ambos casos, los padres tienen que saber cuándo ser “entrenadores” para ser exigentes, recordarle que debe practicar más y animarle a ser duro consigo mismo, pero también tienen que saber cuándo ser “compañeros” para estar siempre a su lado, apoyarle en los momentos difíciles y aceptarle en los fracasos, y cuándo ser “maestros” para enseñarle valores como la humildad, el respeto y la disciplina.

Yo tuve y sigo teniendo la suerte de recibir todo eso. Mis padres me han dado todo lo que necesito y más. A pesar de que no sean músicos, yo siempre digo que lo son “de corazón”. Comprenden lo que exige esta profesión y me han apoyado siempre. Formamos muy buen equipo y me siento increíblemente afortunada de tenerles a mi lado.


Preguntas PING PONG (responde con una palabra)

Un lugar: Tenerife
Una canción: For Once In My Life de Stevie Wonder
Un disco: The Wall de Pink Floyd
Una obra: Concierto nº 2 de Rachmaninov
Un libro: El Clan del Oso Cavernario de Jean M. Auel
Un compositor: Beethoven
Un músico: Esperanza Spalding
Un cuadro: todos los de Remedios Varo
Una bebida: té
Una fruta: aguacate
Un bar/pub: donde estén mis amigos!
Un restaurante: cualquier vegetariano con buena música

Una peli: Baraka
Una serie: Twin Peaks

Seguimos!!


Algo que te encanta:
los animales
Algo que odias: no vivir con animales

¿Próximos proyectos?

Ahora mismo estoy en mi último año de carrera así que mi prioridad será montar obras nuevas para ofrecer un buen Recital de Fin de Carrera. Estoy trabajando Chopin, Albéniz, Mozart, Bach, Scriabin… De esta forma, tendré preparado un repertorio extenso y variado para los conciertos y giras que me esperan en verano gracias a los diferentes concursos que he ganado. 

Además, estoy componiendo música para piano solo. La primera pieza que hice se llama Alegría, es flamenco-fusión y tuve la oportunidad de estrenarla el mes pasado en el Ateneo de Madrid. Próximamente haré más piezas con ese mismo concepto de fusión entre diferentes géneros. Por otro lado, desde 2019 compongo y produzco la Banda Sonora Original del videojuego Archaelund. Es un proyecto muy especial para mí y, desde luego, prometedor.


ANÉCDOTAS:
Cuéntanos algo que te haya ocurrido relacionado con el mundo musical

Tenía 12 años e iba a actuar con la Big Band de mi conservatorio para cientos de personas. Tanto mis padres como yo estábamos emocionadísimos. La cuestión es que el concierto era muy largo… era el concierto de Navidad que se hacía todos los años en el Teatro del Bosque, y el sótano estaba repleto de niños esperando para actuar, jugando y liándola. Y yo, que siempre he sido muy despistada, no me di cuenta de que mis compañeros de la Big Band habían subido ya y se estaban colocando en el escenario. El público aplaudió, el director salió y saludó, los músicos se preparan para empezar a tocar y… no hay nadie en el piano. Total, que nadie sabe qué hacer, el público empieza a inquietarse por el silencio… y al director no se le ocurre otra cosa que agarrar el micrófono y gritar: “¡HEMOS PERDIDO A LA PIANISTA!”. Todo el mundo se parte de risa (menos mis padres, claro), mandan a alguien para que me busque por el teatro y mientras tanto el director cuenta chistes y hace pasar este rato incómodo como puede.

A todo esto, yo estaba en el sótano, sentada en el suelo con un colega, alucinada porque es guitarrista pero tiene un violín y me estaba enseñando a tocarlo (yo siempre he tenido debilidad por aprender a tocar cualquier instrumento). Y de repente aparece una niña jadeando que me dice: “¡¡LAURA!! ¡¡QUE ESTÁ LA BIG BAND EN EL ESCENARIO ESPERÁNDOTE!!”. En el momento recuerdo que ni siquiera me lo creí, pensando que sería una broma pesada. Pero cuando por fin caigo en la cuenta, me levanto de un brinco, subo corriendo las escaleras, llego hasta el escenario, me siento en el piano como si no pasara nada… y el director dice: “¡Un aplauso para la pianista!”. Me puse roja de la vergüenza… Pero es una historia con final feliz porque el concierto fue inolvidable y seguí muchos años más con la Big Band.